top of page

Horacio Quiroga: algo sobre su vida en la mirada de Laura Devetach

  • Foto del escritor: Biblioteca Integral
    Biblioteca Integral
  • 5 ago 2021
  • 2 Min. de lectura

"Había una vez un chico que nació en un pueblo uruguayo llamado Salto. Su segundo nombre fue Silvestre... ¿Sería por eso que anduvo siempre enamorado de la naturaleza y más tarde, concretamente, de la selva misionera?"



Horacio Quiroga reparando una canoa en San Ignacio


Compartimos un fragmento del texto Un encuentro con Horacio Quiroga, escrito por Laura Devetach y publicado originalmente en la revista Humi N° 17 (Buenos Aires, mayo de 1983).


"Todos alguna vez creímos que un escritor duerme sentado, con anteojos, la corbata puesta y toma sorbitos de sopa de letras mientras lee un libro gordo.
No, no, no.
Si tuviéramos que contar un cuento sobre Horacio Quiroga, podríamos empezar así:
Había una vez un chico que nació en un pueblo uruguayo llamado Salto. Su segundo nombre fue Silvestre... ¿Sería por eso que anduvo siempre enamorado de la naturaleza y más tarde, concretamente, de la selva misionera?
Horacio era un inquieto y un curioso. No podía estar sin andar explorando cosas. Por eso iba mucho al taller de un artesano amigo y aprendió de todo un poco.
En esos años se puso de moda la bicicleta y él se dedicó con pasión al ciclismo. Tal es así, que cuando hizo el soñado viaje a París, que todos los escritores hacían por esos tiempos, ¡se presentó a una competencia ciclística con la camiseta de Salto! Los demás escritores iban a tertulias y al teatro y él... ¡a pedalear! Y además, no le gustó París.
También se dedicaba a la guitarra, la química y la fotografía.
Y gracias a la fotografía descubrió Misiones, porque su amigo, el poeta Leopoldo Lugones, lo incorporó como fotógrafo a un equipo que fue a recorrer las ruinas jesuíticas. Allí, Quiroga se enamoró del monte, del verde increíble y el rojo de la tierra y el sonido de la libertad de los animales. Esto fue en 1903. En 1906 compró tierras en San Ignacio y en 1909, se casó con su novia Ana María Cirés y se fue a vivir a Misiones. Allí nacieron Eglé y Darío, sus hijos y compañeros de correrías.
Al tiempo quedó viudo y aunque en su vida pasaron muchas otras cosas, éste quizá sea el momento más importante. No tuvo miedo de enfrentar ni la selva ni la crianza de sus hijos. Sabía coser y él mismo cuenta que lo que cosía con su hilo encerado, no se rompía más. Comía arroz con charque, hacía cerámica con los chicos, en un horno que él mismo construyó, y los hacía morir de risa caminando en cuatro patas."

Pueden leer el texto completo en la revista Imaginaria.


📚📖📘 ¡Que disfruten la lectura! ☕🧉🥐







Comentarios


bottom of page